La alegría de Clara en nuestro día a día

La alegría de una clarisa, nace de la experiencia diaria de comunión con Dios.

Nuestra mejor manera de demostrarle a la vida diaria, lo bien que lo pasamos es con una sonrisa; porque la sonrisa es la semilla que crece en el corazón y florece en los que nos ven y conviven con nosotras.

Esta misma alegría, es uno de los objetivos de nuestra vida consagrada, porque la alegría es el sonido del alma.

 

La fraternidad, cada hermana es un don de Dios que nos hace madurar, crecer, salir de nosotras mismas, servir, respetar, tener un corazón lleno de ternura y misericordia.

No vamos solas, no somos islotes, somos comunidad en fraternidad. Siguiendo a Jesús en fraternidad desde el Evangelio, en relación de hermanas.

La fraternidad no es un ideal, sino una realidad de familia que día a día se va construyendo. Hermanas por el Espíritu de Jesús.

 

Trabajo, cada hermana elabora los trabajos, poniendo todo el amor y delicadeza en las mil pequeñas cosas que hay que hacer en cada jornada.

Santa Clara, acostumbraba a tomar los trabajos más humildes, y servir hasta en lo mínimo a cada una de las hermanas. Pendiente de los detalles más pequeños y siendo testimonio de ese corazón de madre y de esa verdadera respuesta a la llamada y responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos.

 

Oración, Con nuestra experiencia de oración, acogemos el don que el Padre nos da en el Espíritu y vivir en plenitud el misterio del amor de Jesucristo.

Para Santa Clara era la alegría, la vida, la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. Tiempo para la escucha de Jesús, aprender a orar como Jesús.

Oramos por medio de la liturgia de las horas y eucaristía, esto es parte de celebrar el Evangelio.

Por la liturgia Dios llega a nosotras y tiene como centro a Jesús, y esta misma liturgia santifica los tiempos y Dios se nos da gracia. Orando juntas abrimos el corazón a Dios.

 

Nuestro modelo: a imitación de María, podemos aparecer y ser cada vez, signo preclaro de la Iglesia fiel. María es el ejemplo de la vida consagrada, es nuestra esencia de consagración a Dios.

Cuando una Monja clarisa mira a María, descubre en ella una Madre que llena de esperanza nuestra vida, Ella es el  modelo, la obra maestra de Dios.

 

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Oración

» Con nuestra experiencia de oración, acogemos el don que el Padre nos da en el Espíritu y vivir en plenitud el misterio del amor de Jesucristo. «

– Clarisas Franciscanas

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